




El oceano en una gota errante
Aferrarse a que nada cambie es renunciar a estar viva, es pedirle a la llama que no consuma, al capullo que no se abra, al tiempo que se detenga, al río que deje de fluir.
Pero soltar no es perder: es dejar que lo amado encuentre su próxima forma.
Ella lo aprendió con las manos mojadas: que su amigo no desaparecía, se volvía otra cosa — se volvía río, se volvía lluvia, se volvía el mar que aún no conocía.
Nada muere. Todo se transforma. Y en esa ley antigua e inevitable está, también, toda la belleza de haber estado, por un instante, vivos.
Una niña curiosa, aventurera y juguetona encuentra un compañero inesperado: un pez hecho de hielo.
Juntes exploran, ríen y construyen una amistad tan luminosa como frágil. Pero pronto ella nota algo que no puede detener: su nuevo amigo se está derritiendo.
Enfrentada por primera vez a la fugacidad de la vida, la niña se resiste. Intenta con todas sus fuerzas evitar lo inevitable, negándose a perder lo que tanto ama. Pero la ley de la vida no se negocia, y solo le queda un camino: aceptar.
En ese acto de aceptación llega la revelación que transforma toda la historia: el pez no desaparece, se convierte en agua. No hay final, solo transformación.
Una fábula visual y emotiva sobre la impermanencia, el duelo y la belleza de dejar ir — porque nada muere, todo se transforma.
ACERCA DE LA PELICULA
FICHA TÉCNICA
Creacion e interpretacion: Betina Dominguez
Camara y edicion: Tanji Khaled
Dramaturgia: Betina Dominguez
Música original: Anouar Brahem
Diseño y realización de Vestuario: Betina Dominguez
Producción: Grieta Teatro
Duración: 10 min
SINÓPSIS
En septiembre de 2024 pasé un mes haciendo una residencia artística en Kayaköy, Turquía.
Hacía tiempo que quería trabajar con el hielo, y cuando empecé a jugar con este elemento encontré el puente perfecto para canalizar y entender toda esa montaña rusa de sensaciones, emociones y palabras que atravesaban mi interior y que no sabía cómo expresar.
Esta creación tuvo tanto significado para mí que sentí que no podía quedar solo en un número de teatro; soñaba con hacer una película, y mi querido amigo Tanji lo hizo realidad.
Durante tres días filmamos con él en lo que alguna vez fue una ciudad griega y hoy no es más que ruinas.
Fue una experiencia única rodar una película por primera vez, donde las reglas son un poco distintas a las del teatro. Todo sucedió exactamente como tenía que suceder, mucha gente ayudó en este proceso para hacerlo posible, y sé que estuve totalmente guiada por seres que ya no están en este plano.
Hoy, cuando parece que no hay esperanza y las malas noticias están por todos lados, crear belleza es urgentemente necesario, para recordarnos que existen otras posibilidades de ver y vivir la vida. El teatro me salvó una vez más y me mostró el poder de la transformación.